El agua venció al cáncer

Selina podría ser excepcional por muchos motivos: Porque le brillan los ojos cuando habla de hipotermias, de canales marítimos interminables cruzados a nado y de larguísimas horas de entrenamiento en solitario; o por haber sido la primera española en lograr la Triple Corona de la Natación. Pero el principal es haberlo logrado –incluyendo el Estrecho de Gibraltar- tan sólo 3 años después de haber superado un cáncer de mama.

Esta funcionaria de 40 años, madrileña de nacimiento y valenciana de adopción, no es olímpica ni profesional, pero este verano ha logrado algo increíble: colocar su nombre entre la selecta lista de nadadores de todo el mundo laureados con la Triple Corona de Natación en aguas abiertas. (Isla de Manhattan, 45’8 km, Canal de la Mancha, 33’7 km y Canal de Santa Catalina, 33’7 km). En ella tan sólo figuran dos españoles más, Jaime Caballero y Miquel Sunyer.
Hubo un momento, sin embargo, en que todo esto pareció inalcanzable, ya que a los 33 años se le diagnosticó un cáncer de mama. Lejos de deprimirse y encerrarse, luchó por volver a ser la Selina que era. Es más, la enfermedad fue el detonante de su gloria: trece meses después de superarlo, cruzó el Estrecho de Gibraltar, y cuatro años más tarde, comenzó la aventura de la Triple Corona, al ser la primera española en lograr circunvalar a nado la Isla de Manhattan.

-¿Cómo empezaste en la natación? Tu caso es atípico porque no fuiste nadadora en tu infancia…
No, empecé a nadar a raíz de que fui a vivir a Gandía y me apunté a la piscina pública. Empecé a los 20 años, así que hace 20 que nado.

- ¿Y cómo comenzaste a nadar en el mar?
La primera travesía que hice fue la de Gandía, y ahí me picó el gusanillo. Empecé con competiciones de 2 o 3.000 metros, hasta hacer la más larga que fue en el Mar Menor, en Murcia, de 5 kilómetros.

- ¿En ésa época nadabas sola o tenías entrenador?
Nunca tengo entrenador, sí los he tenido para mejorar la técnica, pero preparador como tal lo tengo desde hace dos años. De hecho, el canal de la Mancha lo hice sin entrenador. Incluso ha habido algunos que se han negado a entrenarme porque no confiaban en mi proyecto. En el Estrecho de Gibraltar, uno se negó porque dijo que no confiaba en mí.

- ¿Cómo es posible?
Te das cuenta de que las personas que no confían en ti, en cierta manera es porque no confían en sí mismas. El Estrecho era mi primer reto largo, y yo acababa de salir del cáncer hacía 16 meses. Me dijo: “Si tú te mueres en el Gibraltar, qué van a decir de mí”. Entonces le dije: “Tranquilo, que no van a decir nada de ti, porque aquí te quedas.”

LA TRAVESÍA MÁS LARGA: EL CÁNCER

A los 33 años le fue diagnosticado un cáncer de pecho. Su tranquila vida en Gandía, junto a sus amigos en la piscina, se veía interrumpida por una grave enfermedad con un desenlace incierto. Por delante quedaban 5 años de tratamiento que incluirían 2 operaciones de seno, 6 goteros, quimioterapia y 20 sesiones de radioterapia.

-¿Cómo lo viviste en clave deportiva?
Fue algo muy pionero, porque yo seguí nadando hasta el quinto gotero de la quimio. Se lo comenté a la oncóloga y a los cirujanos… Sólo nadaba 2.000 metros.

El cáncer fue el detonante de su gloria: trece meses después de superarlo, cruzó el Estrecho de Gibraltar.

- Bueno, pero mantenías la forma.
Pero no era importante por el tema deportivo, sino por el hecho de mantener el nexo con mi vida de antes, las sensaciones de antes. Llegó un momento en que estaba muy cansada y me costaba mucho trabajo recuperarme, no podía nadar.

- Te debías sentir agotada…
Me sentía diferente, me decía: “Tengo que irme a nadar para volver a mi vida de antes”. Porque mi vida no era mi vida normal, con el cáncer tu vida de repente es hospital, oncología… y cada vez te encuentras peor, porque la quimio se va acumulando, te cuesta más salir de un gotero; luego te queda la radio, y piensas: “Qué va a ser de mi vida”.

-Además sufrirías muchos cambios físicos.
Pasaba mucho frío, porque no tenía pelo y el pelo te protege mucho. La oncóloga me decía que nadara, pero que no me excediera, porque mis defensas tenían que mantenerse altas.

- No podías hacer esfuerzos, ¿verdad?
Cuando me tiré al agua recién superada la segunda operación de mama, no sabía cómo nadar, porque tenía las costillas tocadas. Te lanzas al agua e intentas moverte, pero me acuerdo de que en los primeros mil metros el brazo izquierdo iba pegado al cuerpo y no podía moverlo. Cuando hacía así (lo levanta) me tiraban las costillas, la axila, la mama… todo. Entonces iba con el otro. Fue muy duro, pero…. ¡Yo estaba dentro del agua… qué bien, objetivo cumplido! (Ríe sonoramente). Era muy duro, porque me daba cuenta de que estaba muy limitada, y que no podía. Aún así pensaba: “Hoy he podido separar el brazo un poquito, pues mañana lo separaré más”. Era sufrir, desde luego, pero yo no me quería quedar en casa.

- Supongo que te irías recuperando poco a poco.
En realidad, nadé hasta el quinto gotero. Luego vino la radio, la braquioterapia, y luego me fui un mes a Alemania, a casa de una amiga que vive en la Selva Negra. Y ahí me puse el bikini, me quité el pañuelo, monté en bici, tomaba cerveza en los jardines alemanes…y cuando volví empecé a entrenar de manera suave. Y ahí fue dónde empecé a plantearme lo del Estrecho.
– ¿El tema del cruce del Estrecho cómo se te ocurrió exactamente?
Se lo comenté a la oncóloga, y me dijo, “Ah pero, ¿Eso se nada? Y yo “Que sí , que sí, pero aún queda mucho, esperaré al año que viene.”

 

TRANSFORMACIÓN PSICOLÓGICA

A raíz de un tratamiento así, perdí fuerza física y no la he recuperado. Yo sé que nunca voy a batir un récord mundial ni nada similar, pero también ganas una fuerza diferente… así que piensas, bueno, yo cuando llegue he llegado, lo que quiero es vivir la experiencia. En realidad es como una transformación psicológica, porque piensas que eso sólo lo pueden hacer los superhombres y supermujeres, y tú tienes que tener claras tu posibilidades, hasta dónde puedes llegar.

- ¿Cómo fue la preparación?
Contacté con otros nadadores y me fui entrenando, poco a poco, con muchos controles médicos. Fui a un médico deportivo y mi oncóloga y cirujanos estaban en contacto con él. Lo conseguí con un buen tiempo, al final crucé en 4 horas y 40 minutos, que está muy bien. Fue una súper-experiencia, no lo cambio por nada.

Si tú te mueres en el Gibraltar, qué van a decir de mí”. “Tranquilo, que no van a decir nada de ti, porque aquí te quedas.

Es más, durante el cáncer mi abuela se vino de Sevilla para cuidarme, y cuando crucé el Estrecho, nos fuimos las dos mano a mano (risas). Aprendió a ponerme el neopreno, la vaselina… mi abuela se lo pasó de muerte conmigo.

- Dices que pensabas que retos así eran cosas de superhombres y supermujeres… ¿No crees que te has convertido en uno de ellos?
Yo no me veo como una supermujer, si cruzo un canal es porque he entrenado muchas horas y tengo mucha dedicación en todos los sentidos: sponsores, entrenar, aclimatarme, horas de descanso…a mi nadie me da nada. A veces me dicen: “Eres pionera”, y yo pienso: “Perdona, te puede parecer así, pero a lo mejor tú eres cómoda”.
(Selina acostumbra a ofrecer charlas sobre su experiencia, y cuando habla se nota su faceta “coacher”) En todos los proyectos, sea lo que sea que hagas en tu vida, el factor principal es la ilusión. Si tú tienes ilusión por llevar a cabo algo tienes una probabilidad de éxito altísima, porque esa ilusión va hacer que venzas todos los obstáculos, que van a ser ciento y la madre.
Al final, cuando llega el día y estás en el mar nadando piensas… Madre mía lo que cuesta llegar hasta aquí, para luego pegarme la paliza, pero te das cuenta de que lo llevas dentro.

ENTRENAMIENTOS DE PIONERA

- Además, es diferente conseguir sueños deportivos a los 20 años que a los 40. En tu caso, eres una adulta con responsabilidades. ¿Cómo compatibilizas el deporte y tu vida personal?
Los últimos cuatro meses antes de un proyecto son salvajes. Trabajar, entrenar y dormir. No tengo pareja, cosa que es buena entre comillas. Porque el fin de semana quieres entrenar en el mar y luego estar tranquila, pero él se quiere ir de barbacoa por ahí, por ejemplo…

- Retos como los tuyos exigen un nivel de concentración muy alto durante períodos de tiempo muy prolongados…
Pero no es posible, porque puedes tener unos bajones tremendos y tienes que ir a entrenar igualmente, si no el día de la prueba sabes que te va a pasar factura. Lo ideal sería dejar a todas las Selinas ahí – la currante, la del patrocinador…-, y que a la piscina sólo se tirara la Selina nadadora.

Después de la segunda operación de mama, me lancé al agua y el brazo izquerdo iba pegado al cuerpo y no podía moverlo. Pero estaba en el agua, ¡Objetivo cumplido!

Al principio te planteas hasta qué punto merece la pena. Ahora lo tienes clarísimo, pero los primeros años… Ahora simplemente es porque te gusta, porque ya te ha enganchado.
Después del Estrecho, consiguió ser la primera española en lograr la Maratón de Natación de la Isla de Manhattan, 45’8 km en 8 horas y 42 minutos. Aún estaba en tratamiento de Tamoxifeno y a la vuelta, le dieron el alta. Ya tenía el primer título de la Triple Corona, en 2011 afrontó el segundo, el durísimo Canal de la Mancha. Más de 33 kilómetros en las oscuras aguas que separan Francia de Inglaterra, que no superan los 17 grados de temperatura.


- Cómo lo preparaste?
Trabajando mucho la adaptación al medio y estudiando primero donde vas a nadar y cómo adaptarte a ese medio, y contactando con nadadores que lo habían hecho antes.

Los domingos son así, para coger hipotermias. Hay gente que va a oír misa, yo a coger hipotermias.

Allí hace mucho frío, y más cuando vienes de la Comunidad Valenciana, dónde el agua está a 27 grados. Así que tienes que estar aclimatándote todos los años. Cuando entreno en invierno, quedo con los amigos y les digo “Venga, vamos a cogernos una hipotermia”. Ellos esperan en la orilla con el termo, me ayudan a vestirme, y luego todos nos vamos a casa, a tomar una cerveza. Los domingos son así, para coger una hipotermias. Hay gente que va a oír misa, yo voy a coger hipotermia.

- Además, en el vídeo de la travesía, se aprecia que nadaste desnuda.
Sí, lo nadé en bolas. Me puse la grasa y llevaba un bañador normal, hoy en día no tienen forro, pero el que llevaba ese día no era algodón, y al tirarme al agua se formó una bolsa. Intentaba pegármelo al cuerpo, y no había manera.

El Canal de la Mancha lo nadé desnuda. Se me quemó el culo, pero me dio igual, nadé súper a gusto.

El juez dio la salida, y pensé “Bueno, ahora con el tiempo se pegará al cuerpo”. Pero no, la bolsa seguía llena de agua, así que paré y le dije al barco que me acompañaba: “traducidle al juez lo que me está pasando, que me lo quiero quitar”. Era de noche y llevaba una baliza en el gorro y otra en el bañador, pero como tenía el culo blanco, se me veía igualmente. Se me quemó el culo, pero me dio igual, yo nadé súper a gusto. Por eso no dejo que me patrocine ninguna marca de bañadores, porque no me hago responsable (ríe).

- Dieciséis horas a 14 grados… ¿Cómo se soporta?
Hago disociación mental. En la Mancha me dolía todo, parecía que me estaban cortando. Se me dormían las manos, y la boca. Llegué a dejar la mente totalmente en blanco de lo que estaba sufriendo… y así conseguí estar mucho mejor cuando llevaba 15 horas que cuando llevaba 6, entré como en un mantra. Nadando éstas cosas no miras al frente, porque si miras empiezas a pensar “joder qué fuerte es la corriente, no llego, cuántas horas llevo ya, no puedo más…” Hay que apagar eso.

- Y por último, Santa Catalina.(Isla Santa Catalina- costa estadounidense). En ese caso, el agua no era tan fría…
Las tres primeras horas fueron horribles, con viento, lluvia, oleaje, fue horroroso. Pensaba “me va a reventar, cuánto tiempo voy a aguantar así? No aguantaré más, no voy a cruzar un canal así.” Preguntaba (al barco): Cuánto llevo? “8 kilómetros”. 8 en tres horas y pico, sólo? Luego calmó y pude avanzar, pero ya estaba quemada, y los hombros no rinden igual.
Pero sí temblé bastante, porque las últimas horas sí que hacía frío, al llegar al continente americano está la bahía de San Andrés, y en esa zona la profundidad es bestial, es como el cañón del Colorado subterráneo, y claro, bajó la temperatura. El 75% de la travesía es de noche, y luego, cuando amaneció, no salió el sol.

- Eso fue el 11 de julio, cuando pasaste a la historia de la natación española. Y ahora, ¿qué?
Ahora estoy en fase de desconectar, nado mucho menos y aprovecho para andar, correr, ir en bici…Me estoy replanteando el futuro. Me apetece algo más radical, quizás no tan largo, pero diferente… tengo que pensarlo. Es difícil proyectar algo a largo plazo hoy en día, porque es difícil encontrar patrocinadores estables y éstas cosas tienen que planificarse a un año vista.
Me encanta meterme en Google y mirar estrechos, mares, islas…y soñar con hacer esas travesías.

* Selina colabora con la Junta Asociada Provincial de Valencia de la Asociación Española Contra el Cáncer y GEICAM (Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama).

Autora: Eva Caballero
Entrevistada: Selina Moreno Pasagali
Fotos: Ivo Rovira Augé 46020studio
(Entrevista publicada en Revista DIR, de Clubs DiR, en enero de 2013)

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